Instituto S.I. Vavilov de Historia de las Ciencias Naturales y la Tecnología de la Academia Rusa de Ciencias, Moscú. elbimru@gmail.com Resumen. Se analiza la historia de la creación de sistemas de cohetes desechables y reutilizables, así como de puertos espaciales. En 1920, Lenin, tras una conversación con Zander, nombró a Dzerzhinsky curador de cosmonáutica en la Rusia soviética.
Por sugerencia de Lenin, Dzerzhinsky dirigió la Sociedad para el Estudio de las Comunicaciones Interplanetarias. Tsiolkovsky recibió una pensión científica del Consejo de Comisarios del Pueblo.
En Alemania, Oberth desarrolló creativamente las ideas de Tsiolkovsky. En 1926, recibió de Tsiolkovsky su libro: «Exploración del espacio mundial mediante propulsión a chorro».
El alumno de Oberth fue Werner von Braun. Desarrollado por Brown entre 1939 y 1944, el clásico cohete «V-2» se convirtió en el modelo básico de todos los sistemas de cohetes desechables del mundo.
El desarrollo por parte de Brown en 1952 del «Ferry Rocket», un cohete de tres etapas de 6400 toneladas con una envergadura de 48 metros, se convirtió en el modelo básico de todos los sistemas de cohetes reutilizables del mundo.
En 2026, propusimos la creación de dos complejos espaciales globales (planetarios): uno occidental y otro oriental, que proporcionarán todo tipo de lanzamientos espaciales en la era de la industrialización espacial. En 2024, los puertos espaciales estadounidenses de Cabo Cañaveral comenzaron a implementar un plan estadounidense de 50 años para el desarrollo de puertos espaciales reutilizables por parte de inversores privados (para el período comprendido entre 2024 y 2074).
Se está llevando a cabo una modernización a gran escala de la infraestructura (incluido el puerto marítimo de Cabo Cañaveral) para garantizar la mayor frecuencia prevista de lanzamientos y la creación de plataformas de aterrizaje para naves espaciales y cohetes reutilizables de nueva generación.
La base de la navegación espacial será un único tiempo estándar lunar de referencia («tiempo galáctico»), que sincroniza el funcionamiento de los complejos espaciales occidentales y orientales.
Palabras clave: Lenin; Zander; Dzerzhinsky; Tsiolkovsky; Obert; Werner von Braun; Goddard; sistemas de cohetes desechables y reutilizables y puertos espaciales; complejos espaciales globales (planetarios) occidentales y orientales; tiempo estándar lunar de referencia unificado («tiempo galáctico»). La nueva formación socioeconómica espacial [FSE] que lleva el nombre de Tsiolkovsky.
El Día Internacional de la Astronomía se celebra dos veces al año: en 2026 corresponde al sábado 25 de abril (primavera) y al sábado 19 de septiembre (otoño). Su propósito es acercar la observación del cielo y la ciencia astronómica al público general mediante actividades en museos, planetarios, observatorios y clubes de astronomía. Elección de fechas: Se programa en sábados cercanos a la fase de cuarto creciente lunar, porque la Luna se observa mejor y el cielo vespertino es suficientemente oscuro.
Conocer el cielo y saber sus misterios es una de las materias que cada Asgardiano tiene en mente cada día de su vida.
Un amigo seguidor de Asgardia señaló que me veía bien de Asgardiana, y no me disfracé de Asgardiana, soy residente de Asgardia y cada uno de nosotros piensa en las estrellas, el espacio y la casa del futuro en la órbita espacial.
Esto no solo es una cuestión de identidad, sino también de un profundo anhelo por explorar lo desconocido, por conectar con aquellos que comparten esta visión. En Asgardia, soñamos con un futuro donde la humanidad pueda vivir en armonía más allá de las fronteras terrestres, donde cada pensamiento y cada idea pueden fluir libremente en el vasto universo.
La promesa del espacio es emocionante, y juntos, como ciudadanos de este nuevo mundo, tenemos la oportunidad de llevar adelante los ideales de paz y progreso, mientras contemplamos el infinito cielo estrellado que nos inspira a seguir adelante.
Así que hoy, que celebramos el Día Internacional de la Astronomía, es un buen momento para recordarlo. Junto a otro apasionado del espacio, el compañero John Fine Edwards. Cuyo trabajo en los roles y metas desde el parlamento Asgardiano hace crecer el entusiasmo entre la población que recibe sus noticias, sus acuerdos, dando bases meritorias en las propuestas que realizan los otros parlamentarios y su servicio a la nación espacial.
Uno de nuestros compañeros, fallecido en funciones, también se tomó la licencia de sentirse en la órbita espacial. Nuestro abrazo al infinito a Roland Berga.
En definitiva, la pregunta que me gustaría mencionar es la siguiente: ¿Por qué alguien querría controlar las campañas espaciales?
Dominio estratégico: El espacio es la nueva “altura” desde la cual se observa y controla la Tierra. Quien maneje satélites, estaciones y rutas de lanzamiento tiene ventaja en comunicaciones, defensa y vigilancia.
Recursos futuros: Asteroides, la Luna y Marte contienen minerales y agua que podrían ser vitales para la economía del futuro. Controlar campañas espaciales es asegurar acceso exclusivo a esos recursos.
Prestigio político y cultural: Liderar en el espacio significa proyectar poder blando y duro. Es un símbolo de modernidad, innovación y capacidad de organización.
Seguridad planetaria: También puede ser un interés legítimo: proteger la Tierra de amenazas como asteroides o vigilar el clima desde órbita.
Los intereses que se protegen
Tecnológicos: Mantener la supremacía en innovación y patentes aeroespaciales.
Militares: Garantizar que los sistemas de defensa y comunicación no dependan de rivales.
Económicos: Asegurar rutas de comercio espacial y monopolizar recursos extraterrestres.
Culturales y simbólicos: Narrar el espacio como territorio propio, moldear la imaginación colectiva y definir quién “cuenta la historia” de la humanidad más allá de la Tierra.
En cierto modo, controlar las campañas espaciales es como controlar las antiguas rutas marítimas: no solo se trata de viajar, sino de decidir quién puede hacerlo, bajo qué reglas y con qué relatos.
En la época de los exploradores, las potencias marítimas establecían rutas y monopolizaban el acceso a nuevas tierras, similar a cómo hoy en día las naciones y corporaciones establecen políticas que determinan quién tiene la posibilidad de explorar los confines del espacio.
Este control implica no solo una cuestión de logros técnicos, sino también de narrativas que enmarcan la exploración; historias que definen la heroicidad, el avance científico y los beneficios esperados para la humanidad.
Como los relatos de navegantes valientes que cruzaron océanos, las actuales misiones espaciales también llevan consigo mitos y aspiraciones, transformando el acto de viajar más allá de una simple travesía, convirtiéndolo en un relato cultural que refleja los valores y ambiciones de nuestra era.
Visión Asgardiana y estratégica:
Cada lanzamiento, cada estación orbital, cada misión se convierte en un entramado especial. Al proteger los puntos de unión de dicho entramado, se da forma a cada uno de sus puntos; ellos, finalmente, forman parte de un linaje humanista, al convertirse en linajes estelares, asegurando que no se rompa la continuidad.
Algo que sin lugar a dudas se contempla en muchas colaboraciones aeroespaciales reside en que no actúan solo por poder, sino para mantener un balance entre lo militar, lo económico y lo simbólico. Su tejido evita que un camino estratégico domine y ahogue a los demás.
Decidir qué historias se cuentan sobre el espacio. ¿Es conquista, exploración, ritual o memoria? Controlar campañas espaciales es también controlar la narrativa colectiva.
Intereses que son necesarios conservar y defender:
Terrenales: Seguridad, soberanía tecnológica, acceso a recursos.
Cósmicos: Continuidad de la especie, defensa planetaria, preservación de la memoria estelar.
Culturales: Que el espacio no sea solo mercancía, sino también un espacio de exploración pacífica.
En resumen:
En términos reales, el relato espacial está moldeado por una constelación de actores:
Agencias estatales (NASA, ESA, CNSA, Roscosmos, JAXA, ISRO) que marcan agendas científicas y políticas.
Empresas privadas (SpaceX, Blue Origin, Rocket Lab) que introducen narrativas de mercado y colonización.
Organismos internacionales (ONU, COPUOS) que intentan regular el uso pacífico del espacio.
Medios y cultura popular, que convierten cada lanzamiento en mito colectivo.
El control no es absoluto: es más bien una urdimbre de voces que compiten por definir el sentido del espacio —como exploración científica, negocio, símbolo de poder o sueño compartido.
Llegar a 10 años en Asgardia nos invita a reflexiones interesantes
Analicemos: después de un tiempo escribiendo historias, es importante aterrizarlas en acciones concretas que permitan dar vida a nuestros relatos y conecten con el público de manera efectiva. La creación de narrativas fascinantes, aunque fundamental, debe ir acompañada de pasos claros que transformen las ideas en realidades palpables. Además, al implementar proyectos relacionados con nuestras historias, no solo fortalecemos nuestras habilidades como narradores, sino que también enriquecemos la experiencia del lector al ofrecerle la posibilidad de interactuar con mundos que antes solo existían en nuestra imaginación. Por tanto, es importante preguntarnos: ¿De qué estamos hechos como Asgardianos y qué es lo que nos mueve al cambio y a la perspectiva cósmica?
Prácticas comunitarias: La vida en estaciones o colonias espaciales exige cooperación radical, ya que los confines del espacio representan un entorno donde la supervivencia depende de la colaboración constante entre los individuos.
La identidad se construye en torno a prácticas comunes que fomentan un sentido de pertenencia y unidad: cómo se celebra un ciclo de vida, cómo se nombra un lugar para darle significado y pertenencia, cómo se ritualiza el tránsito entre día y noche artificiales para mantener un equilibrio emocional. Estos rituales no solo marcan el paso del tiempo, sino que también fortalecen los lazos sociales y culturales entre los colonos.
Es la cultura de la convivencia en condiciones inéditas, donde cada acción, por pequeña que sea, contribuye a la cohesión del grupo y a la creación de una narrativa compartida que permite encontrar sentido y esperanza en la vastedad del cosmos.
Horizonte simbólico: El espacio abre un imaginario nuevo: la Tierra vista como hogar compartido, la Luna como archivo, las estrellas como genealogía. En este vasto escenario cósmico, la identidad cultural se expande hacia símbolos cósmicos que integran lo ancestral con lo futurista, permitiendo una conexión profunda entre las diversas culturas del mundo.
A medida que exploramos estas constelaciones de significado, encontramos historias y tradiciones que resuenan a través del tiempo, creando un puente entre generaciones que han contemplado el mismo firmamento.
Así, cada elemento del cosmos se convierte en un espejo que refleja no solo nuestras raíces, sino también nuestras aspiraciones, fomentando un diálogo constante entre lo antiguo y lo nuevo, y brindando un sentido renovado de pertenencia y comunidad en nuestro viaje compartido hacia el futuro.
Memoria y símbolos
Los pueblos llevan consigo sus genealogías, lenguas y mitos. En el espacio, estos elementos se convierten en archivos compartidos: banderas digitales, relatos colectivos, rituales que marcan la pertenencia de generaciones enteras. Estas tradiciones, que se transmiten de padres a hijos, son el tejido que une a la comunidad y le otorga significado en un mundo en constante cambio.
La celebración de festividades y el recuerdo de épicas narrativas colectivas funcionan como anclas en momentos de incertidumbre, fomentando un sentido de unidad y resiliencia.
La identidad cultural no se borra, sino que se transforma en constelación, uniendo en su vastedad tanto los elementos del pasado como las proyecciones del futuro, donde cada estrella representa un fragmento de la historia compartida que guía a las nuevas generaciones.
Resulta de sumo interés hacer un análisis que nos brinde una pauta en el área de las iniciativas espaciales en América Latina y su integración en el ecosistema global de Asgardia, destacando cómo estos desarrollos fomentan la cooperación internacional y el avance tecnológico en la región.
En los últimos años, hemos sido testigos de un impulso significativo hacia la exploración espacial, con la creación de nuevas empresas y organismos dedicados a la investigación y la innovación. Además, se están llevando a cabo proyectos colaborativos entre países hispanohablantes, que no solo buscan el desarrollo de tecnologías avanzadas, sino también la formación de talento local en campos relacionados con la astronáutica y la ciencia espacial.
Esto posiciona a Hispanoamérica no solo como un participante clave en el ámbito espacial, sino también como un contribuyente activo a la misión de Asgardia, que aspira a construir una comunidad interplanetaria donde se promuevan la paz y la prosperidad para todos sus habitantes.
Los retos jurídicos de la “New Space Economy”
El CELA (Centro de Estudios de Legislación Aeroespacial) se perfila como un actor clave en el futuro del espacio, pues busca establecer marcos legales y éticos que regulen la exploración, el uso de recursos y la convivencia internacional en el cosmos. Su labor es anticipar los y asegurar que el desarrollo tecnológico se acompañe de normas que protejan tanto a la humanidad como al entorno espacial.
El papel del CELA en el futuro espacial
Marco jurídico internacional: El CELA trabaja en la interpretación y actualización de tratados como el Tratado del Espacio Exterior de 1967, adaptándolos a la realidad actual donde participan empresas privadas y nuevos países en la carrera espacial.
Regulación de la economía espacial: Con el auge del New Space —la participación de capital privado en satélites, turismo espacial y minería de asteroides—, el CELA busca definir reglas claras para la propiedad, explotación y comercio en el espacio.
Protección ambiental y ética: El espacio no es un territorio ilimitado; la basura espacial y la explotación de recursos requieren normas que eviten daños irreversibles. El CELA impulsa debates sobre sostenibilidad y responsabilidad compartida.
Defensa de soberanía y cooperación: En un escenario donde más países latinoamericanos, incluido México, participan en proyectos espaciales, el CELA ayuda a garantizar que las naciones tengan voz en la gobernanza global del espacio.
Ámbitos de acción futura
Área
Desafío
Rol del CELA
Satélites
Creciente número de lanzamientos y riesgo de colisiones
Normar licencias, órbitas y responsabilidad internacional
Turismo espacial
Seguridad de pasajeros y responsabilidad en accidentes
Crear estándares de certificación y seguros
Minería de asteroides
Propiedad de recursos y explotación justa
Definir derechos de extracción y límites éticos
Colonias lunares y marcianas
Gobernanza y jurisdicción
Proponer modelos de administración internacional
Basura espacial
Riesgo para operaciones futuras
Establecer obligaciones de limpieza y reciclaje orbital
Perspectiva hacia 2030 y más allá
Integración con la economía global: El espacio será un eje económico comparable al internet en los años 90. El CELA busca que Latinoamérica no quede rezagada en esta transformación.
Educación y divulgación: Además de legislar, el CELA fomenta la formación de especialistas en derecho espacial, preparando a nuevas generaciones para enfrentar dilemas inéditos.
Cooperación con agencias espaciales: Se espera que colabore con la Agencia Espacial Mexicana y organismos internacionales para armonizar leyes y prácticas.
Retos y riesgos
Conflictos de intereses: Empresas privadas presionan por marcos legales flexibles, mientras que los estados buscan preservar soberanía.
Velocidad del cambio: La legislación suele ir detrás de la innovación; el CELA debe ser ágil para no quedar obsoleto.
Brecha tecnológica: Países con menos recursos pueden quedar marginados si no se establecen reglas de acceso equitativo.
En síntesis, el CELA no construye cohetes ni satélites, pero construye las reglas del juego: su labor es asegurar que la expansión humana hacia el cosmos se haga con justicia, sostenibilidad y cooperación internacional. Ariadne, dado tu interés en ritualizar ciclos y símbolos, el CELA puede verse como un guardián de los límites éticos y legales, un “columna raíz” que sostiene la arquitectura del futuro espacial. ¿Quieres que te muestre ejemplos de cómo México ya está participando en estos debates internacionales?
Uno de los trabajos de colaboración de México con la NASA: ¿QUÉ ES EL EMIDSS?
El EMIDSS es un proyecto nacido en 2019 con un propósito ambicioso: validar tecnologías mexicanas en condiciones similares a las del espacio exterior, a través de lanzamientos estratosféricos en colaboración con la NASA. Estas pequeñas estructuras portan sensores, cámaras y sistemas de comunicación que permiten evaluar su desempeño a más de 35 kilómetros de altitud.
Uno de los hitos más destacados del proyecto fue el vuelo del EMIDSS-6, lanzado desde la Antártida en diciembre de 2023. “Fue la primera misión aeroespacial mexicana lanzada desde ese continente y dio la vuelta al mundo en 11 días”, relató el líder del proyecto e investigador del CDA, Mario Alberto Mendoza Bárcenas.
Este episodio de The Third Horizon explora la capacidad de integración, definida como la habilidad de los sistemas complejos para coordinarse, adaptarse y funcionar bajo presión. A través de la conversación con la Dra. Sarah Clark, especialista en medicina funcional y biológica, se analizan los factores que permiten a las civilizaciones y sistemas sobrevivir en lugar de colapsar.
Puntos clave del video:
El concepto de la «brecha de complejidad»:Se discute cómo las sociedades resuelven problemas añadiendo capas de complejidad (instituciones, tecnología, regulaciones), lo cual puede volverse insostenible si no se gestiona adecuadamente (3:32 – 4:30).
La importancia de la proactividad: La Dra. Clark argumenta que el enfoque en la medicina preventiva y el mantenimiento de sistemas es mucho más eficiente y rentable que intentar reparar fallos una vez que han ocurrido (8:30 – 10:23).
Lecciones de fracasos históricos: Se analizan casos como el huracán Katrina (11:02 – 11:36) y la crisis energética de Texas en 2021 (16:52 – 18:04) como ejemplos de sistemas que fallaron debido a una falta de diseño para situaciones de estrés extremo.
La «Tríada de Resiliencia»: Para gestionar la complejidad, las civilizaciones exitosas desarrollan tres capacidades: pensamiento a largo plazo, instituciones confiables y sistemas capaces de aprender y adaptarse (57:42 – 58:23).
El rol de la confianza: Se destaca que la confianza es una forma invisible pero fundamental de infraestructura, esencial para la cooperación institucional y social (50:13 – 51:00).
Resumen de la reunión del 16 de abril de 2024/22 Tauro, 0010
Preparándose para la reunión de la Asamblea Legislativa Asgardiana del 24 Tauro 0010 (18 de abril de 2026) 13.00 – 15.00 UTC
Señalando la importancia de unirse como residentes a Asgardia con el equivalente a 100 solares, que en términos terrestres son 100 euros; ese es el valor y equivalente a las monedas del mundo. Este aporte no solo representa una inversión financiera, sino también un compromiso hacia una nueva visión de la humanidad, donde los residentes pueden colaborar en el desarrollo de una sociedad intergaláctica. Además, esta contribución permitirá acceder a beneficios como una voz en la gobernanza de Asgardia, la participación en iniciativas innovadoras y el enriquecimiento del patrimonio cultural que todos juntos iremos construyendo en el espacio. Unirse a Asgardia no es solo un acto simbólico, sino una afirmación de nuestra voluntad de avanzar hacia un futuro donde los límites de la Tierra no definan nuestras aspiraciones y sueños.
Uno de los retos fundamentales y más complejos al momento es encontrar territorio en la Antártida, ya que esta región presenta un paisaje inhóspito y difícil de explorar. La situación se complica aún más por las condiciones climáticas extremas y los tratados internacionales que regulan el uso de este continente. En la asamblea legislativa, se tocará de forma puntual el tema, discutiendo la importancia de la investigación científica y la necesidad de establecer acuerdos que permitan la cooperación entre naciones. A medida que se avanza en la conversación sobre la soberanía y la conservación del medioambiente, se espera que surjan propuestas innovadoras que fomenten un desarrollo sostenible en esta área tan delicada y valiosa para el planeta.
Síguelo en su página de Instagram, y que ha confeccionado con detalle Ugur Aydin, presidente del comité de cultura y creador del personaje; conoce sus logros y sus aptitudes humanitarias y versátiles: ugur_raydin.
Su taller se encuentra en Turquía y cada día que él vuelve a nacer, sus aventuras se multiplican, llevándolo a explorar los rincones más fascinantes de su entorno, desde los vibrantes bazares llenos de aromas especiados y colores brillantes hasta las majestuosas montañas que reflejan la rica historia de la región. Cada nuevo amanecer le ofrece la oportunidad de descubrir secretos ocultos, aprender de la sabiduría de los ancianos y conectar con otros artistas que comparten su pasión, convirtiendo su jornada en un constante viaje de aprendizaje y creatividad que enriquece tanto su vida como su obra.
Otros artículos donde se habla del personaje Raydin en este blog:
Discovering Clive Simpson’s work through his pre-presentation book has been a unique experience, especially for someone who usually writes in Spanish. His work raises numerous questions and reveals shocking surprises, but I must focus on one in particular: Is anarchy inevitable? Should we submit and accept what the future holds? These are unsettling questions that come to mind as I explore his work; I walk hand in hand with the woman who steers the ship, whose firm voice resonates in my thoughts as I reflect on the course of our society.
As we move forward, I realize that the uncertainty surrounding us is a mirror of our doubts and fears, posing an existential dilemma about order and chaos.
History seems to repeat itself, with cycles of frustration and hope marking the rhythm of our days, challenging us to find a balance between what we desire and what we fear. The horizon presents itself as a blank canvas, waiting to be painted with our dreams or our nightmares.
The magic a writer creates for their reader is that we can step into the shoes of each character, feel them as the essence of something that compels us to see ourselves reflected in them. Thus, we resonate with the scenes unfolding before our eyes. As we read, we become immersed in a plot that makes time and space lose their relevance, taking our thoughts to a place where the boundaries between fiction and reality blur. We can even imagine the annoying buzzing of mosquitoes that distract and frighten us with more than just their bite, feeling their presence almost tangible, like a shadow lurking in the darkness. We find ourselves in a vivid landscape, where each written word transforms the air we breathe into a sensation filled with emotions and memories, making us part of the story that unfolds with each new page.
The opening pages invite us to explore Derek Turner‘s thinking. The invaluable contribution of the Irish journalist Turner, with his vast experience and knowledge, brings a unique perspective. His participation in the introduction has enriched the literary project, offering thought-provoking insights and highlighting how the author leads us to a logical conclusion considering contemporary trends.
The book in its previous format has visited, along with its author, different spaces that will become venues where the work can be discovered by the eager curiosity of its readers.
Upon encountering this important work, the question that immediately arises is whether, as humanity, we need a leviathan in the deep waters…
Hobbes’s Leviathan theory imposes the unsettling idea that the State must be established as an absolute power, a necessary tyrant to prevent the unbridled chaos of the state of nature. Human existence would be reduced to a solitary, miserable, disgusting, brutal, and tragically brief struggle.
But what happens when there is a power that does not emanate from what the State establishes, but from everything that money and its cover allow?
The author is a man born under the sign of Pisces, and this reminds me that his environment called him to get involved in this story. Not because of his birth sign, but because of his commitment to the reality he inhabits daily.
In all of this, the fact that a writer is of this nature leads me to think of his profound research, of the cautious yet incisive gaze with which he discovers the glimmer of a detail. The environment as a drama that deserves to be brought to light and not remain in the profound silence of the floodwaters.
This commitment is evident not only in his stories but in every observation he makes, where he transforms the everyday into prose and the trivial into life lessons. Each word he chooses resonates with the power of his introspection, capturing the essence of the human experience in his writing, making the reader not only witness the story but become a part of it. Thus, his work becomes a bridge connecting the deepest emotions with the fragility of existence, challenging the reader to reflect on their reality while navigating the currents of the author’s soul.
Where can we observe the collective body of thousands of wills to which Hobbes refers? As an English philosopher, I can certainly focus on the scenes of an author who is also English and carries in his blood the genetic makeup that has woven the history of his nation.
Human beings, driven by distrust, competition, and glory, are visualized within Tulip Haven, a space that desperately tries to maintain an environment created for its dreams. A fragile environment where a handful of individuals seemingly transfer power to a common authority.…
In this sense, a prominent concept emerges that has impacted all of us to a greater or lesser extent: the incursion of artificial intelligence into the activities that we entrust to security, technology, and our future.
This phenomenon has transformed not only how we interact with machines, but also how we perceive the world around us. What we once considered a mere tool has evolved into an active participant in our daily lives, affecting everything from our simplest to our most complex decisions.
In this context, it is essential to reflect on what we give to the world and what lies hidden in the fragile reality that sustains us. Every technological advance brings not only benefits, but also ethical and existential challenges that we must face.
I arrive at that space where a vital character enjoys her drink and for her nothing is impossible, even above the predictions of her reality embodied in the figure of artificial intelligence.
Pages more or less, she returns and is observed with that power that does not recognize errors; the superiority of a finely tuned mind that has allied itself with the machine that cannot be less than she.
I keep reading, and I wonder: how much will we have to adapt to these changes, and what does it depend on? Undoubtedly, when one of the characters in “The Ark” warns:Learning to make allies as social beings is fundamental. Then I reflect that perhaps it is too late to avoid what nature shows us at every moment, but it is precisely in what nature itself points out that we will be able to understand what step we must take.
One of the most important people in Clive’s life is undoubtedly his wife, Margaret. I’m truly interested in knowing her opinion of Clive Simpson’s work. I often picture her in their garden, listening from afar as her husband types on his computer, and occasionally, he calls her over to share a paragraph or a chapter. She arrives smiling, setting aside her gardening tools to sit beside him and listen to what he has to say. Her attention to her husband’s work is a breath of fresh air, that spark where the work feels supported by her sincere and objective observation. Margaret. Her reflections are fundamental to me.
In response to my question, she answered me:
Hi Ariadne, I hope you’re well and had a good day. It’s been sunny here, which is unusual! I’ve been busy gardening, one of my greatest passions.
So here I am, trying to figure out what to tell you about my thoughts on Flood Waters Down. For me, Clive manages to create a real sense of place; we both grew up in the marshland landscape, with its vast plains and skies.
One grows up aware of the importance of the weather and tides in this environment. Clive also expresses the breakdown of society, community, and relationships. However, a thread of hope runs through the story: while some seek to destroy society and the environment for their gain, others seek to unite and resist, adapting to the inevitable changes brought about by climate change.
I’ve seen Clive work tirelessly to craft his story, making it relatable and thought-provoking. He brings to life one of the many scenarios we could face in the future. I hope people connect with the landscape and characters, and enjoy reading Flood Waters Down. Kind regards, Margaret.
I greatly appreciated your comments, and I thoroughly agree with your perspective on your beloved husband’s work.
Then I continue reviewing the paragraphs I have read and reflect:
Generally, at the end of our lives we hope that what we have managed to achieve will allow us to live with the confidence of security. We want to preserve the health we have left, and receive adequate care for a dignified old age.… The work hits the nail on the head and urges us to reflect on the path we have chosen as humanity, where the future is uncertain. None of the inhabitants of this planet could deny the fragility that resides within us.
We are actors on a stage where we build the structure that inspires us and protects us from everything we are as humanity, and from what could go wrong. It is under the monitoring of predictions and figures that observe the future, which make us part of history.
A beam of light shines toward the stars, revealing a path that could be a legacy in the face of an uncertain future. You’ll have to read the book to find out what I mean.
The Reading Room is a popular independent bookshop in Grantham that opened in February 2025. It has quickly become a community hub, recently winning Independent Retailer of the Year at the Grantham Business Awards. A welcoming space offering a carefully curated selection of titles, it’s also where visitors to The George Centre in Grantham, UK, will find the work of Clive A Simpson.