Extracto de la noticia del periódico virtual La Nación
Quién fue “Mr. Desarme”, el ganador del Nobel de la Paz por luchar para que América Latina esté libre de armas nucleares.
sáb, 28 de junio de 2025, 4:07 p.m. CST
La última vez que el embajador mexicano Alfonso García Robles (1911-1991) visitó la sede de la ONU, fue celebrado con el nombre de “Mr. Desarme”.
Y eso no fue gratuito.
Este diplomático pasó la mayor parte de su vida trabajando en complejas misiones en todo el mundo para ayudar a distintos países a superar conflictos.
Gracias a su habilidad y trabajo, la región de América Latina y el Caribe se colocó como ejemplo global en la eliminación del armamento nuclear, un problema que ha perdurado en el mundo más allá de la Guerra Fría hasta la actual guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán.

La mirada colectiva se eleva, mientras lo bélico queda atrás, marcado con un “NO NUKES”.
Por su parte, Asgardia se pone a la vanguardia:
Durante el IV Congreso Internacional Space Renaissance (SRI 2026), Prunariu participó en la mesa redonda «La prohibición de las armas espaciales», celebrada el 1 de julio de 2026, aportando la perspectiva de un astronauta sobre una de las cuestiones más urgentes a las que se enfrenta la comunidad espacial: cómo puede la humanidad garantizar que la expansión más allá de la Tierra siga siendo cooperativa, sostenible y pacífica.
La mesa redonda reunió a expertos en derecho espacial, astropolítica, seguridad espacial, astronáutica, interpretación de tratados y el movimiento del Renacimiento Espacial para analizar los desafíos que plantea la posible militarización del espacio ultraterrestre. Esto incluye tecnologías de doble uso, lagunas legales, el riesgo de desechos orbitales y la creciente dependencia de las sociedades de la infraestructura espacial.
Dorin Prunariu participó en el debate en calidad de antiguo astronauta, líder del sector aeroespacial y defensor desde hace mucho tiempo de la cooperación internacional en el espacio. Representó a Rumanía en la Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos (COPUOS de la ONU), presidió dicha comisión entre 2010 y 2012, ocupó el cargo de Presidente de la Agencia Espacial Rumana y lleva décadas fomentando las actividades espaciales con fines pacíficos.

Una perspectiva moldeada por la observación de la Tierra desde la órbita
Al iniciar su intervención, Prunariu reflexionó sobre la experiencia que ha conformado su visión del espacio como un entorno común de la humanidad.
«Estoy hablando, ante todo, como una persona que ha visto nuestro planeta desde la órbita», dijo él.
En mayo de 1981, Prunariu viajó a bordo de la Soyuz 40 hasta la estación orbital Saliut 6 en el marco del programa Intercosmos. Como explicó, desde la órbita desaparecen las fronteras nacionales y salta inmediatamente a la vista el hecho de que toda la humanidad depende de la Tierra.
«Desde esa altitud, la Tierra no está dividida por fronteras. Se ven continentes, océanos, nubes, desiertos, montañas, el amanecer y el atardecer cada 90 minutos».
Para Prunariu, esta perspectiva cambia el significado de la seguridad en el espacio.
«La seguridad espacial no es sólo seguridad militar. Es seguridad humana, seguridad medioambiental y seguridad de la civilización».
Destacó que los satélites y los sistemas espaciales se han convertido en componentes esenciales de la vida diaria, pues respaldan las comunicaciones, la navegación, la respuesta ante desastres, la agricultura, el monitoreo del clima, la investigación científica, el transporte y los servicios de emergencia.
«Hoy en día, la infraestructura espacial no es algo abstracto que se encuentra sobre nuestras cabezas. Forma parte de la vida cotidiana en la Tierra».
La protección del entorno orbital
Un tema central del discurso de Prunariu fue la vulnerabilidad única del propio entorno espacial.
A diferencia de los conflictos en la Tierra, donde la destrucción puede quedar limitada geográficamente, las acciones en órbita pueden tener consecuencias que persistan por generaciones.
«En órbita, la destrucción puede llegar a ser persistente», afirmó él refiriéndose a los riesgos a largo plazo causados por los eventos generadores de basura espacial.
«Los fragmentos pueden permanecer en órbita durante años, décadas, a veces incluso más, desplazándose a velocidades extremadamente altas».
Advirtió de que las consecuencias de las acciones hostiles en el espacio no se limitarían necesariamente a las partes directamente implicadas.
«Un acto violento en el espacio puede generar miles de objetos peligrosos y amenazar a los satélites de muchas naciones, incluidas las que no tienen nada que ver con ningún conflicto».
Para Prunariu, proteger el entorno orbital no es, por lo tanto, sólo una cuestión de seguridad, sino también una responsabilidad hacia las generaciones futuras.
El reto de las tecnologías de doble uso
Asimismo, el debate abordó la complejidad que plantean las tecnologías que pueden servir tanto para fines civiles como de seguridad.
Prunariu señaló que muchas capacidades espaciales modernas tienen aplicaciones pacíficas legítimas, al tiempo que plantean dudas sobre las intenciones, la transparencia y la confianza.
«Un satélite que observa la Tierra puede servir de apoyo a la agricultura, a la gestión de desastres, a la ciencia climática o a la inteligencia militar».
Del mismo modo, las naves espaciales diseñadas para la inspección, el mantenimiento o la eliminación de desechos pueden contribuir a la sostenibilidad, aunque, en un contexto estratégico, podrían interpretarse de otra manera.
«El problema no es sólo la tecnología en sí misma, sino la intención, la doctrina, la falta de confianza y la ausencia de normas claras».
Destacó el peligro de un ciclo en el que la incertidumbre lleva a la sospecha, la sospecha lleva a las contramedidas, y las contramedidas aumentan la posibilidad de una escalada.
«Por eso la ambigüedad del doble uso es tan peligrosa».
El espacio como ámbito de cooperación
Basándose en su experiencia como astronauta, Prunariu hizo hincapié en el hecho de que la actividad humana en el espacio depende de la cooperación, de la disciplina y de la responsabilidad mutua.
«Una nave espacial es un sistema cerrado. Una estación espacial es un entorno humano basado en la confianza, la disciplina y la cooperación».
Mencionó ejemplos de colaboración internacional incluso durante períodos de tensión geopolítica, como el Apolo-Soyuz, el Shuttle-Mir y la Estación Espacial Internacional.
«Estos ejemplos demuestran que el espacio puede servir de puente cuando la política terrestre se vuelve complicada».
Según Prunariu, ahora que la humanidad entra en una nueva era de exploración lunar, estaciones espaciales comerciales, actividades espaciales privadas, iniciativas de defensa planetaria y expansión de la infraestructura orbital, hay que tomar decisiones responsables de inmediato.
«Este futuro no estará protegido automáticamente. Habrá que tomar decisiones ahora mismo».
Una responsabilidad compartida por el futuro de la humanidad en el espacio
Prunariu concluyó haciendo un llamamiento a una visión a largo plazo que mantenga el espacio ultraterrestre abierto al desarrollo pacífico.
“No llevemos los conflictos de la Tierra al espacio para darles una órbita permanente”.
«Protejamos el espacio ultraterrestre como un entorno humano, como un ámbito de cooperación pacífica y como el próximo capítulo de la civilización».
Su mensaje refleja un principio que ha sido fundamental en la visión de Asgardia: que la expansión de la humanidad hacia el espacio requiere el desarrollo de marcos jurídicos adecuados, la cooperación internacional y una gobernanza responsable.
Desde su creación hace casi una década, Asgardia ha abogado por el avance del derecho espacial y la prevención de la militarización del espacio. Mediante iniciativas centradas en la gobernanza espacial, el diálogo internacional y la sostenibilidad a largo plazo de las actividades humanas en órbita y más allá, Asgardia sigue apoyando los debates sobre cómo la humanidad puede construir un futuro espacial seguro, cooperativo e inclusivo.
El debate mantenido en el SRI 2026 puso de relieve una cuestión fundamental para la próxima era de la exploración: no solo qué puede lograr la humanidad en el espacio, sino qué valores guiarán ese viaje.
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